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lunes, 17 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
Lunes si, primer día de la semana..
Comienza una semana especial para todos los que hace ya varios años venimos luchando por la democratización de los medios de comunicación: el 7D todos dentro de la Ley.
martes, 13 de noviembre de 2012
Camino de 7D: Juicio Ético y Político al grupo Clarín

En el Juicio Ético y Político al Grupo Clarín, convocado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo el 22 de diciembre de 2011, Hamartia participó como querellante de Cablevisión-Fibertel. La presente nota recoge parte de la investigación que realizamos para el Juicio. En la web está disponible el video de nuestra querella.
¿Por qué tanto ensañamiento con Clarín? ¿Acaso es el único monopolio?
Claro que no. Podríamos dar el ejemplo de las telefónicas, que la
levantaron en pala no sólo acá sino en todo el mundo. Clarín tiene 267
medios de comunicación y el origen de ese poder nos remonta a una
historia para nada feliz. No vamos a meternos ahora con la historia de
Papel Prensa. Todos sabemos por qué y de qué manera Ernestina y Horacio
se quedaron con el monopolio del papel, con el privilegio de ponerle
precio a las palabras. El grupo creció, nunca dejó de hacerlo. Tras la
crisis del 2001, mientras todos quedaron patas arriba Clarín cayó mejor
parado que nunca. Invertir lo que no tenía, endeudarse con bonos a 20
años para ingresar al negocio del cable. Pero cómo, ¿tanto se puede
ganar con un cableado de fibra óptica? Hamartia te cuenta por qué
todavía Clarín es el dueño la pelota.
Todo grupo económico es
predador por naturaleza, y en la medida de sus posibilidades perseguirá
el beneficio propio por sobre el social. Esto es una obviedad. El
monopolio de las telefónicas es producto de las privatizaciones de
Menem, el poderío que hoy les da el tendido del cable, los hace
monopólicos. Es cierto. De hecho ésta es la razón por la cual Clarín
comienza su negocio en el cable. Siempre supo que no era posible
competir con las telefónicas sin tener red propia. Clarín y Telefónica,
compiten en el negocio de internet. Clarín ya tenía distintas empresas
relacionadas con el negocio de internet pero todas tenían que pasar por
la red de las telefónicas (Fullzero, Ciudad, etc). En 1995, antes que
empezara el boom de internet, PRIMA (Primera Red Interactiva de Medios
Argentinos), que posee la licencia para brindar el servicio de internet
para empresas, se convierte en S.A. por un monto de 12 mil pesos. El
presidente de esta empresa es Héctor Magnetto. En 1998, PRIMA fue
adquirida por el Grupo Clarín.
Una de las rivalidades entre
Telefónica y Clarín es el negocio del Triple Play, muy explotado en
Europa pero aún inexistente en Argentina: el sueño de dar televisión,
internet y teléfono por un mismo cable. Las dos han cruzado ese límite
en reiteradas oportunidades. Telefónica tuvo su empresa de cable llamada
Fincable que después vendió. Clarín lo mismo, llegó a manejar el 20% de
CTI (compañía telefónica del interior) que finalmente tuvo que vender
en medio de la crisis del 2001 para bajar sus deudas. Si bien Clarín a
partir de la resolución 146/09 tiene acceso a la venta de telefonía IP,
todavía faltan reglamentaciones para que pueda ser aprobado. A su vez el
negocio del cable está prohibido legalmente para las telefónicas por
eso venden Speedy con DirectTV. Pero Clarín tiene algo que Telefónica
no: 267 medios. Su capacidad de instalar un producto en el mercado lo
hace el grupo económico más poderoso de la Argentina. Si Papel Prensa es
el origen oscuro y perverso de esta sociedad y los 267 medios son la
herramienta que les da un poderío tal que los posiciona como la
principal fuerza opositora a este gobierno.
Menemismo, los primeros multimedios
El primer paso para la creación de multimedios en la Argentina lo da el menemismo con la llamada Ley de Reforma del Estado. “Nada que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado”, bien lo definió Roberto Dromi, en ese entonces ministro de obras públicas. Se privatizaron las principales empresas estatales y entre ellas los canales de aire. El dato importante es que en su art. 65 solicita la modificación del art. 45 de la ley 22.285 de radiodifusión de la dictadura para permitir a un medio gráfico tener un canal de televisión. Meses después de reglamentada la ley, a través de la empresa Artear S.A. propiedad de la señora Ernestina De Noble, Clarín compra Canal 13. Lo mismo hacen los Vigil (Editorial Atlántida) que se quedan con Canal 11. En 1991 se firma con los EEUU el Tratado de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones. Si bien la Ley de Radiodifusión prohibía el ingreso de capitales extranjeros en ese sector, con el Pacto de Olivos se incorporan los tratados internacionales a la Constitución Nacional y se les otorga jerarquía supra legal.
El principal grupo económico hacia fines de los ‘90 era el CEI, uno de los beneficiados con la privatización de Entel, y para ese momento tenía 12 canales de cable, superando tres veces lo permitido. Antes de terminar su mandato, Menem firmó el decreto 1005/99. Este decreto elevó la posibilidad de tener 4 licencias de televisión a 24. Clarín era el único con posibilidades de impugnar esta maniobra, ya que era una empresa de capitales nacionales y que mantenía en cierta legalidad su posición en el mercado (un canal, una FM, una AM). Pero no hizo nada al respecto porque este decreto lo favorecía doblemente. En su artículo 1ero modificaba el art. 5 de Ley de radiodifusión anulando una deuda con el COMFER de miles de dólares. Y por qué no, también a Clarín le tentaba la posibilidad de tener más canales.
El negocio del cable
Para la Ley de Radiodifusión de la dictadura, votada en 1980, el cable
era denominado “servicio complementario”. En un primer momento el
negocio era simplemente de distribución. En 1985 las empresas eran:
Cablevisión con 18 mil abonados, VCC con 25 mil abonados y en el
interior había unas 40 empresas de cable que sumaban 100 mil abonados.
Ya para 1992 los números habían cambiado. Clarín ingresó al mercado de
la televisión por cable al adquirir el 25% de Multicanal. Al principio
compartió su capital con Telefónica y el CEI. Para 1995 ya tenía el 100%
de las acciones.
Ante la apertura generada en los ‘90 a los
capitales extranjeros, Clarín tenía dos opciones: o se asociaba
vendiendo acciones y se subordinaba a alguno de ellos, o salía a
competir de igual a igual. Clarín se decidió a lo segundo y compró unas
120 empresas de cable en todo el país. Para ello, colocó bonos de
Multicanal en EEUU contrayendo deuda, con asesoramiento de la compañía
inversora Goldman Sachs con sede en Nueva York. Gracias a los grandes
estándares que le otorgaron calificadoras como Standard & Poors
(propiedad de Goldman Sachs) Multicanal tomó deuda en una primera etapa
por 600 millones de dólares (terminó emitiendo más de 1200 millones).
¿Cómo se explica que dos años antes de la crisis del 2001, una empresa
argentina consiguiera bonos a 20 años? Fue porque gracias a Goldman
Sachs, Standard & Poors calificó sus bonos como de alto rendimiento,
el único de este rango en toda América Latina. Pero habría algo a
cambio: el 29 de diciembre de 1999 Clarín informó en su diario que la
compañía Goldman Sachs pasaba a ser dueño del 18% del Grupo por un valor
de 500 millones de dólares.
Con esa deuda que Clarín y Golmand
Sachs colocaron en el exterior, Multicanal creció. Compraron a sus
competidoras, les sacaron los clientes con el monopolio del fútbol y las
obligaron a vender. La maniobra podría describirse de la siguiente
manera: llegaban a una ciudad y le cedían los derechos de televisación
del fútbol a una de las empresas de cable local, llamémosla empresa A.
De este modo, los clientes se mudaban desde el resto de las compañías de
cable hacia la empresa A. Así llevan a la quiebra a las otras empresas
de cable. Clarín entraba entonces por segunda vez. Compraba a muy bajo
costo las empresas quebradas y luego le quitaba los derechos del fútbol a
la empresa A. Ofrecían el fútbol con sus nuevas empresas recién
adquiridas y repitían la maniobra para fundir a la empresa A,
completando el círculo donde Multicanal empezó con nada y terminó con
todo.
La “crisis”causó dos nuevas muertes
Las consecuencias del endeudamiento no se harían esperar. La continua depresión económica y la abultada deuda hicieron que Clarín entrara en concurso preventivo de acreedores. La imposibilidad de hacer frente a las obligaciones financieras después de la caída de la convertibilidad dejaba la puerta abierta para que los acreedores se quedaran con los activos de las empresas deudoras como Clarín. La deuda de multicanal era de 526 millones de dólares, la mitad de la deuda total del grupo. El hecho de que sus deudas sean en dólares y sus ingresos en pesos los dejó en una situación de extrema debilidad financiera.
La batalla era contrarreloj. Las medidas se tomaban mientras regía la feria judicial. Ni bien abrieron los tribunales, se presentaron los primeros acreedores para pedir la quiebra de Multicanal. Héctor Magnetto, CEO de Clarín y vicepresidente de AEA (Asociación de empresarios Argentinos) llevó a cabo las negociaciones con el gobierno de Duhalde, que según palabras de Gabriel Mariotto fue en términos muy concretos: “La tapa del domingo puede venir con nafta o puede venir con agua”. El grupo Clarín para el 2001 era el quinto holding nacional. Ese año facturó 1400 millones de dólares.
El 6 de enero del 2001 se sanciona la Ley de Emergencia Pública que deroga la convertibilidad y pesifica los ahorros en dólares. Clarín tenía interés en que esta ley eliminara la figura de Cram Down que permitía a los acreedores hacerse cargo de la empresa mientras durara el concurso. La ley no lo modificó pero suspendió por 180 días los pedidos de quiebras iniciados por los acreedores. Un respiro que les daba tiempo, pero no solucionaba el problema para Clarín.
El 4 de febrero con el decreto 214/2 Duhalde pesifica la deuda en dólares de las empresas privadas contraídas con el Estado. Esta disposición legal le permitió al holding Clarín la licuación de pasivos con la banca local por un monto de 56.800.000 millones de dólares. En abril de ese mismo año se firmó el decreto 318/2 donde se eliminaba la figura de Cram Down de la ley de Concursos y quiebras, lo que tanto necesitaba Clarín. Y el 18 de junio del 2003, ya en gobierno de Kirchner, se aprueba la Ley de Patrimonio Cultural que establece que “la propiedad de los medios de comunicación debe ser de empresas nacionales, permitiéndose la participación de empresas extranjeras hasta un máximo del 30% del capital accionario”. Con las leyes a su favor, Clarín estructuró el pago de su deuda a su conveniencia.
La compra de Cablevisión
Hasta el 2005 Clarín fue Multicanal, pero ese mismo año compró el 25% de Cablevisión. De esta manera se volvió parte de su principal competidora. La composición accionaria de Cablevisión pertenecía en un 50 % a Hicks, Muse, Tate & Furst Inc y el otro 50% a Fintech Advisory Inc., ambas de capitales norteamericanos. Fintech le vendió a Clarín la mitad de su paquete, es decir el 25% del total de la empresa. La nueva composición quedaba entonces 50% de Hicks, 25% de Fintech y 25% de Clarín. En el 2006 Clarín aumentó su participación en Cablevisión. Entre Clarín y Fintech compraron las acciones de Hicks, Muse, Tate & Furst. A su vez y en el mismo acto la empresa Cablevisión adquirió el 98,54% de las acciones de Multicanal y el 100% de PRIMA. A partir de la fusión de las dos empresas de cable principales, Clarín se quedó con el 60% y Fintech con el 40%.
Ellos se compran, ellos se venden. Clarín además era dueño del 20% de Supercanal, tercera empresa en el mercado y propiedad del grupo Vila. En su propia página Clarín explica la capacidad que les dio la unión de Cablevisión y Multicanal: “Del total de localidades en las que tienen presencia Cablevisión y Multicanal, que suman 160, en 27 coexisten ambas marcas. En el resto, tienen presencia una empresa o la otra”. De esta manera Clarín tiene el 47% negocio del cable. Su posición predominante, le permite poner los precios que se le antoje, algo que no podría hacer ninguna de sus competidoras, sin antes perder clientes. Cuando la Secretaría de Comercio Interior fijó para todos los cables un tope tarifario de $109 (resolución 36/11) Cablevisión aumentó a $147. Esa diferencia de $38, le dio a Cablevisión un excedente de 123 millones de pesos por mes. Hoy Cablevisión tiene una tarifa de 163 pesos mientras que el gobierno fijó el máximo en 116 pesos con la resolución 123/11.
El COMFER que en ese entonces estaba bajo la tutela de Julio Bárbaro envió la nota Nº 693 con fecha 4 de diciembre de 2007. En la nota firmada aclaraba que se reservaba para sí la aprobación o no de las transferencias de acciones y licencias. Esto quedó pendiente hasta el 2009, cuando Gabriel Mariotto a través de la resolución 577 del COMFER, enunció que era inviable la aprobación de la operación comunicada por Cablevisión S.A. A su vez, esa resolución obligaba a Cablevisión a resolver su situación ilegal por tener múltiples licencias de operación por localidad, cuando lo permitido es tener sólo una. Detallaba el caso de Mar del Plata donde Cablevisión absorbió a VIDYCOM S.A., CODICABLE S.A., TEL CO S.A., VIDEOOMAR S.A. Y CABLEMUNDO S.A. algo que prohíbe hasta la ley de radiodifusión de la dictadura.
El otro organismo en expedirse fue la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia. Con la disidencia de José Sbatella, la CNDC autorizó la fusión condicionada al estricto cumplimento de varias disposiciones. Humberto Guardia, vicepresidente de CNDC y vocal instructor en la causa Cablevisión-Multicanal, las detalla: “Nosotros autorizamos la fusión condicionada a un compromiso que incluía principalmente tres cosas: una inversión en infraestructura, un esquema según el cual se garantizaba que no podían aumentar la tarifa en ciertos lugares del conurbano e interior del país, y darle internet gratis a organismos públicos (escuelas, hospitales, colegios, comisarias). El compromiso es obligatorio, no es optativo”. Se cae de maduro que no cumplieron ninguno de estos compromisos. La fusión, entonces, no está autorizada.
La estrategia de Clarín es la de construir la idea de que el compromiso es voluntario. Guardia es contundente: “El articulo 13 inc. a y b de defensa de la competencia hablan de autorizar y subordinar. Nosotros ponemos en nuestra resolución ’subordinado’. No hay opción. Vos tenés que cumplir con el acuerdo, sino lo cumplís no es que vamos para atrás nosotros, sino que nosotros te auditamos y decimos que no cumpliste. Hicimos una auditoría que tiene 900 páginas. En muchos lados dicen: primero se lo aprobaron y después fueron para atrás. No. Nosotros fuimos auditando lo que tenían que cumplir.”
El control de la grilla
La fusión Cablevisión-Multicanal permitió al Grupo Clarín controlar el 47% de los usuarios por cable. La superposición de licencias producto de
la compra de cables del interior hizo de Cablevisión en muchos lugares
la única voz. Por lo tanto las decisiones que toma respecto de su
grilla, dada su posición monopólica en el rubro, son censura. Controlan
qué se dice y que no. La Ley de Servicios Audiovisuales en cuanto a la
ubicación de los canales en la grilla es clara (art. 65 inc. b.):
“Deberán ordenar su grilla de programación de forma tal que todas las
señales correspondientes al mismo género se encuentren ubicadas en forma
correlativa”. El manejo de la ubicación de los canales no es ingenuo
para Clarín. Al contrario de lo que dice la ley, alejan a la TV Pública
de los canales de aire y ponen a TN entre Telefé y Canal 13, los dos
canales de mayor audiencia, mientras que no quiere hacer ingresar
canales que son públicos y gratuitos.
En actitud discriminatoria
prohiben el acceso de los canales CN23, INCAA TV, PAKA PAKA a su grilla,
aduciendo que son imposiciones del gobierno y que además no tienen
espacio para incluir canales. Gabriel Mariotto desmintió esta acusación:
“Esto es mentira porque las plataformas de distribución de cable están
digitalizadas y pueden recibir más de 250 señales. Hay lugar para que
nadie se quede afuera“. Aunque la compañía incorporó finalmente a la
señal PAKA PAKA, lo hizo en el canal 80 y sólo para quienes tienen
acceso al paquete Premium, que son poco más de 741 mil usuarios, cifra
que representa sólo al 24,7% del total.
El caso del periodista
misionero Marcelo Almada es otra muestra de la censura que ejerce
Cablevisión. Después de cuatro años de su programa, Cablevisión le
exigió en la cláusula 20 del nuevo contrato que “Ni el periodista, ni
los invitados pueden criticar a Cablevisión ni a sus empresas
controladas o controlantes, quedando a criterio exclusivo de Cablevisión
si se cumple o no la cláusula”. Almada explica las razones de por qué
Clarín tiene tanto poder: “Cablevisión compró las dos compañías de cable
de Posadas. Las única posibilidad de hacer un programa con pretención
de ser visto es comprarle el espacio a Cablevisión” .
Conclusiones:el manejo monopólico de la empresa
El grupo Clarín continúa evadiendo la ley haciendo gala de su impunidad y
relaciones con sectores del poder judicial. Hay que implementar
completamente la Ley de Medios para comenzar a limitar el poder omnímodo
e impune que ostentan quienes durante décadas pusieron una pistola en
la cabeza de la democracia argentina. Ese día, se habrá empezado a hacer
justicia. A pesar del obstinado intento de los medios del grupo Clarín
de ser visto como protagonista de la libertad de expresión, cada vez
quedan menos dudas de su vinculación con los negociados más aberrantes
de nuestra historia. Cada vez que se investiga sobre su origen o su
desenvolvimiento actual queda claro que los medios son grupos
económicos. Pablo Llonto le hace un comentario a los panelistas de 678:
“Me sorprende el esfuerzo que hacen ustedes por tratar al grupo Clarín
como un medio”. Se adueñaron de Papel Prensa sobre una mesa de tortura.
Negociaron el control de la producción de papel a cambio del silencio de
sus páginas. En esta historia los asesinos siguen sueltos y gozan de
los beneficios de las riquezas generadas en circunstancias ilegales e
ilegítimas. Como se dice vulgarmente, el ladrón siempre vuelve a la
escena del crimen. Clarín lo hace con cada una de sus empresas.
Fibertel
Casi con la misma infraestructura que se presta el servicio de cable, se presta el servicio de Internet. La fusión de Cablevisión con Fibertel data de 2003. La licencia para brindar servicios de telecomunicaciones había sido otorgada a Fibertel, pero el 15 de enero de 2009, antes de que se aprobara la transferencia a favor de Cablevisión, Clarín disolvió esa sociedad en la Inspección General de Justicia (IGJ). A raíz de necesidades corporativas internas del grupo y eludiendo las normas legales existentes, Fibertel dejó de existir como persona jurídica y, mediante un acuerdo interno, el servicio de banda ancha lo pasó a prestar Cablevisión, informando de ello a la IGJ, organismo que no era el competente para autorizar el traspaso. De este modo, con una marca inexistente en el mercado y sin contar con la autorización correspondiente por parte de la Secretaría de Comunicaciones, la empresa siguió brindando el servicio. Todo esto terminó cuando el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, denunció la actitud ilícita por parte de Cablevisión y anunció la caducidad de la licencia de Fibertel a partir de la firma de la resolución 100/2010.
Eduardo Anguita
Lo que se concreta en la fusión Cablevisión-Multicanal en el 2007 arranca en los 90. Carlos Ávila era un pequeño empresario que hizo Torneos y Competencias y ve una veta. Consigue una pata con Clarín y obtiene la exclusividad de la trasmisión del fútbol con la AFA en el año 91. Empiezan a expandirse como dos grupos diferentes, por un lado estaba Eurnekian que tenía Cablevisión desde que el viejo tenía una empresa textil allá por el año 86-87. Cablevisión, que originalmente era una PyME pensada para una tecnología simplemente de distribución, empieza a convertirse en una empresa poderosa. Así empiezan los convenios entre EEUU, Argentina y España, convenios de reciprocidad que permitían tratar dinero que venía de esos países como si fueran inversiones argentinas, con reciprocidad. Total, no había ningún riesgo de que empresas argentinas se instalaran en Estados Unidos y España. Esa reciprocidad era una especie de burla. Cablevision empieza a expandirse hacia otros que venían acá con plata sucia. Acá llega un grupo llamado Hicks, Muse, Tate & Furst. Grupo inversor que después hace una operación intra negocio que lo convierte en Liberty Media, que se convierte en el principal accionista de Cablevisión. Esto tiene que ver con dinero que venía en negro de afuera pero sobre todo con dinero que salía sucio de la Argentina. El grupo Clarín empieza a extenderse haciendo lo que “el negro” Ávila hacía magistralmente, que era jugar de los dos lados del mostrador. Juega por un lado con el grupo Clarín, aparece Multicanal (que se había creado en el año 92) y empieza a crecer de la mano del fútbol. De ese modo crece Multicanal. Cablevisión crece de la misma manera. Ellos van con Liberty Media pagando el cable a precios absurdos. Sorprendentenmente llega diciembre del 2001. Sorprendentemente es entonces cuando el Grupo Clarín se posiciona muchísimo mas fuerte.
Victor Hugo Morales
En el ‘94, la AFA le cedió a Torneos y Competencias los derechos de televisación del fútbol y, a su vez, TyC le abrió la puerta del negocio al grupo Clarín, para estar protegido por la hegemonía mediática que el grupo tiene en el medio: se quedaron con todo. Primero estafaron al fútbol, nunca se supo la cantidad exacta de abonados. Se fueron quedando con todos los canales. Llegaron a tener alrededor de 284 en todo el país, le sacaron miles de millones de pesos de una manera directa por no pagar lo que correspondía, pero además le sacaron otro tanto usando al fútbol para obtener ese inmenso poder que le dieron todos los canales que tienen ahora. Y hablo de miles de millones porque ellos mismos dan el dato de cuánto se robaron en esa época. Quieren hacer un juicio por 2500 millones de pesos por lo que faltaba de contrato, que eran pocos años. Así que si multiplicamos por los años que el contrato estuvo vigente, son alrededor de 12 mil millones de pesos. Eso sí, todavía el juicio no empezó, porque ellos quieren litigar como indigentes, aunque les parezca mentira alegan que el hecho de que la AFA les quitara el fútbol los dejó sin una sola moneda.
¿Qué otra cosa ocurría en aquellos años de fútbol para pocos? El peor periodismo. Y, sobre todo, la posición dominante del grupo Clarín que empezó a darle protección a Julio Grondona, el hombre que les había entregado la llave del fútbol. De Grondona nunca se podía saber nada. Allanaban, lo investigaban, no salía una línea. Lo mismo que con Carlos Ávila que después se peleó con ellos, lo echaron de TyC, a él, al hombre que había inventado este muñeco espantoso del que ellos vivieron. ¿Y entonces que pasaba con los clubes? Los clubes adentro tenían que votar, Grondona necesitaba que esos dirigentes estén alineados con los intereses propios y los del grupo Clarín. Entonces no había controles. Por eso en el fútbol, hay instituciones que deben más de 200 millones de pesos. Se fueron fundiendo porque gastaban lo que querían, porque la AFA no los controlaba y ¿por qué no los controlaba la AFA? Para no enojar a los dirigentes, porque eran justamente ellos los que tenían que firmar cada dos o tres años un nuevo contrato de televisación. Era un código mafioso. Al amigo, al que firma, al que acuerda: protección. Si alguno se anima, pues inmediatamente irán sus periodistas de deportes, políticos, a investigar qué es lo que pasa en cada club. En 3 o 4 días desquiciaban a una institución. El que se animaba, terminaba perdiendo. Eso es mafia, como aquello de Al capone, decir “Vengo a ofrecerles protección”, por ejemplo una farmacia, “Pero yo no necesito protección”, “Pero la va a necesitar porque si usted no me paga, le voy a romper la farmacia”.
Desde el año 98 que vengo luchando con un cuchillo de madera contra este gigante, contra ese cáncer moral del país que es el grupo Clarín. Se han quedado con los contenidos de las productoras, con el servicio de internet, con la televisión por cable con posiciones absolutamente monopólicas, se han llevado por delante las cooperativas, los dirigentes, los clubes de fútbol, el derecho de la gente a ver lo que tenía para ver y por supuesto también, han conseguido amedrentar a todo periodismo que o les pertenece o si está en frente es objeto de todos los ataques que ellos puedan perpetrar. ¿Ustedes se acuerdan del tiempo en que se permitían transmitir mostrando sólo la tribuna en la televisión? Aquella ignominia era lo que le ofrecían a la gente cuando no podían ver el fútbol porque no tenían el codificado, le ponían la cámara frente a una tribuna mientras relataban el partido, ¿usted lo puede creer eso?
(Esta declaración se dio en el marco del Juicio Ético y Político al Grupo Clarín, donde Victor Hugo Morales participó como testigo general)
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miércoles, 24 de octubre de 2012
Camino al 7D: Hacia la otra ley de medios
A poco más de un mes de la plena entrada en vigencia la ley de medios, dejamos este artículo de los compañeros de NiAPalos, en su lucha por otra Ley de Medios: la de los Medios Gráficos.
Desde hace tiempo, las principales revistas de edición autogestiva como Barcelona, La Garganta Poderosa, THC, MU o Crisis, entre muchas otras, vienen denunciando un silencioso pero sistemático proceso de concentración y manipulación del mercado de medios gráficos. Detrás de las maniobras, señalan, se encuentra el infaltable Grupo Clarín. Los carriles por los que se desarrolla el conflicto, por lo demás, son a grosso modo dos: las multas elevadas que se aplican sobre las devoluciones -aquellas revistas que el kiosquero no vende y manda de vuelta- y el circuito de distribución.
“El sistema de venta y distribución de medios gráficos está atravesando una crisis profunda y está a un paso de colapsar”, explica Alejandro Sierra, director ejecutivo de la revista THC. “La falta de reglas claras hicieron que el sector fuera presa de intereses y pujas entre los actores de posición dominante en el mercado editorial. El resultado de esto es lo que tenemos: un sistema desigual e inequitativo donde los monopolios imponen sus condiciones”.
Pero los costos por devolución implican sólo una cara de la moneda: el escenario de esta batalla silenciosa lo completa la distribución, un aspecto vital que obliga a las revistas independientes a lanzarle piedras a verdaderos godzillas del rubro como la Asociación Argentina de Editores de Revistas (AAER), una entidad de fuerte peso en la toma de decisiones y cuyo directorio lo conforman integrantes de Atlántida, AGEA o Perfil. “Los actores dominantes acordaron unilateralmente que las revistas deberán destinar $2, sumado al 50% del precio de tapa que ya cada medio aporta al sistema, para aumentar los ingresos del sector de distribución y venta de diarios y revistas. Las revistas que no acepten estas condiciones no se distribuyen y son barridas de los kioscos”, resalta Sierra. El aumento afecta directamente a estas publicaciones que, a diferencia de las grandes, viven de la venta al público y no de la publicidad. “$2 puede significar la diferencia entre poder y no poder comprar una revista”, razona.
El “sector de distribución”, a su vez, atraviesa un momento de particulares transformaciones. Según destaca AReCIA, en el último tiempo Clarín adquirió, a través de testaferros, distintos quioscos y recorridos, al punto de controlar hoy más del 30% del circuito. Salvo los dos diarios de mayor tirada -Clarín y La Nación- y en parte Perfil, que tienen sus propios mecanismos de reparto, el resto de los medios dependen del sistema de distribución general. “La estrategia es quitarnos del medio haciendo que las revistas no sean sustentables, ya sea entregando a destiempo o quedándose con las revistas en el cajón” señala Wayar, que agrega al respecto una conclusión letal: “Si al precio de tapa le sacamos el primer pago que tenemos que hacer con el distribucionista, además de la devolución, la verdad es que ellos ganan más si la gente no compra nuestras revistas”.
La presencia en esta historia de Clarín no debería alterar el foco de atención: se trata de una lucha que en gran medida lo excede y que se libra al interior de un sector complejo y con lógicas laberínticas. Sin embargo su figura permite estudiar el conflicto en el trasluz de la batalla cotidiana: a pesar de quedar afuera del ámbito de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una normativa que no incluye ni a los medios gráficos ni a internet, muchos de los involucrados en esta desigual pelea resaltan la sombra del 7D. “A la dificultad original de costear los medios alternativos, se le suma una decisión mucho más compleja a partir del desarrollo de la LSCA, que hizo que el Grupo Clarín se abarrotara a la gráfica”, nos señalan desde La Garganta Poderosa. La lectura supone un reacomodamiento estratégico: ante la posibilidad de una derrota en el campo audiovisual, el Grupo Clarín estaría buscando llevar sus armas fuera de la jurisdicción del AFSCA, al ámbito de la gráfica, ese mismo lugar que lo vio nacer allá por los viejos y buenos tiempos desarrollistas de Roberto Noble. “La intención es eliminar la competencia, porque sucede que las revistas culturales abarcamos el 40% de la venta y eso le está bajando la renta a Clarín”, especula Wayar aunque agrega: “el problema no es vender mucho o no vender porque ellos viven de la publicidad. Lo que interesa es que sus revistas estén colgadas en el quiosco para dar la sensación de que mantienen un poder dentro de la opinión pública”.
Por lo demás, el haber quedado fuera del campo de maniobras de la LSCA no detuvo a los editores independientes que hoy alientan, a través de AReCIA, la Ley de Fomento para la Producción Independiente y Autogestiva de Comunicación Cultural. “Esta ley es una forma de saldar la deuda que con el sector tiene la Ley de Servicios Audiovisuales, instrumento que ha significado la democratización de los espacios televisivos y radiales, pero ha olvidado a las publicaciones culturales gráficas y de Internet, independientes y autogestivas, sin las cuales esa misma ley no hubiese contado con canales de debate y difusión entre los diferentes actores sociales que la hicieron posible”, reza esta ley que promueve beneficios impositivos y acceso a financiamiento y crédito para las publicaciones independientes, además de sugerir su declaración como objetos de interés cultural y alentar la creación de un fideicomiso que sirva para garantizar la solvencia y supervivencia de sus muy diversos integrantes.
La Ley de Medios fundó un lenguaje. ¿Se acuerdan? Allá en los inicios de todo esto, cuando la FM originaria y la desinversión parecían utopías lejanas, poluciones de algún comunicador social que lograba sus 15 minutos de fama en el discurso oficial, se hablaba en estos términos: más pluralidad, más contenidos, más… Es natural: el momento más hostil de una guerra suspende la caballerosidad y obliga a hablar con otra lengua, más sanguínea, más “sucia”. La disputa de las revistas culturales independientes nos devuelve algo de ese fuego primigenio, continúa la batalla que empezó hace tres años y pone blanco sobre negro a la ley de la democracia: confirma que es posible correr el límite de lo “natural” y marca un piso desde donde seguir abriendo espacios.

“Creemos que las publicaciones independientes son la esencia de la comunicación; en todo caso hay que preguntarse por qué son necesarias las publicaciones que no son independientes”, reflexionan en La Garganta Poderosa a nuestra tímida pregunta: ¿por qué son importantes los medios alternativos?. “La comunicación ha sido contada, monopolizada, por un proyecto que la concibe como un producto de mercado -agregan-. Las publicaciones independientes son todo lo contrario. Nosotros, como un colectivo, venimos a reivindicar las libertades”. Sierra, por su parte, aporta: “Las revistas culturales independientes promueven en muchos casos nuevas lógicas en lo que respecta al ejercicio del periodismo, donde se valoriza la construcción colectiva y un contacto humano directo, lo que promueve un nuevo tipo de vínculo con las fuentes de la información y los lectores. El norte no es el lucro, sino la sustentabilidad y la difusión de ideas”.

Hacia la otra ley de medios
Diego Sánchez, Marisol De Ambrosio
“Algo se cocina y al mismo tiempo se pudre en el mercado de diarios y revistas.” Con esta frase el staff de la Revista Barcelona anunciaba hace algunas semanas lo que pocos conocíamos: mientras en el ámbito audiovisual el 7D es esperado como la profecía maya que acabará finalmente con los monopolios, en el mundo de la gráfica esos mismos actores encabezan un silencioso pero sostenido proceso de concentración que amenaza la continuidad de las publicaciones independientes. Zona gris de una ley de medios audiovisual, hoy el sector de la gráfica está siendo copado por grandes sellos que buscan moldear un mercado y un contenido de acuerdo a sus necesidades. Del otro lado, publicaciones como THC, La Garganta Poderosa, MU y la propia Barcelona, entre muchísimas otras, alientan una ley de fomento de revistas culturales independientes para dar, ahí también, su “batalla cultural”.
El tema de esta nota tiene todos los condimentos necesarios para que sus plantas se apoyen en el camino de brasas del 7D. Pasemos lista: vamos a hablar del “rol de los los medios”, “denunciaremos” a Clarín, discurriremos sobre la cuestión de los monopolios y trataremos de ensayar alguna que otra reflexión acerca de la importancia de la pluralidad de voces. Oootro día de buenas noticias… Sin embargo, la situación que aqueja por estas horas a las revistas culturales independientes -tal es el tema de esta nota- obliga a enviar el debate más allá de esa fecha histórica, que al tiempo que promete un punto de inflexión, anuncia también nuevos frentes de batalla de cara a la democratización total de las palabras. Y es que en el medio de estos días de pujas definitivas, las publicaciones autogestivas viven su propia guerra y pelean por sobrevivir en un mercado cada vez más concentrado -el de los medios gráficos- que se esconde, en silencio y con mucha destreza, de los bombardeos que cubren los cielos de esta Argentina audiovisual.
Veamos de qué se trata esta historia..
En el medio
Desde hace tiempo, las principales revistas de edición autogestiva como Barcelona, La Garganta Poderosa, THC, MU o Crisis, entre muchas otras, vienen denunciando un silencioso pero sistemático proceso de concentración y manipulación del mercado de medios gráficos. Detrás de las maniobras, señalan, se encuentra el infaltable Grupo Clarín. Los carriles por los que se desarrolla el conflicto, por lo demás, son a grosso modo dos: las multas elevadas que se aplican sobre las devoluciones -aquellas revistas que el kiosquero no vende y manda de vuelta- y el circuito de distribución.
“El sistema de venta y distribución de medios gráficos está atravesando una crisis profunda y está a un paso de colapsar”, explica Alejandro Sierra, director ejecutivo de la revista THC. “La falta de reglas claras hicieron que el sector fuera presa de intereses y pujas entre los actores de posición dominante en el mercado editorial. El resultado de esto es lo que tenemos: un sistema desigual e inequitativo donde los monopolios imponen sus condiciones”.
El conflicto con las devoluciones tiene un protagonista: Rediaf S.A., una firma que desde mediados de los ’90 concentra todo el material gráfico que no se vende en los kioscos y que no tiene vinculación alguna con las editoriales. A principios de este año, Rediaf resolvió de forma unilateral una nueva ecuación para calcular el costo de las devoluciones. Desde entonces, todas las revistas independientes (hechas a pulmón, con poca pauta publicitaria y muy dependientes de la venta de ejemplares) comenzaron a recibir multas retroactivas (que Rediaf llama “optimizaciones”) y que en algunos casos alcanzan los treinta mil pesos. “A las revistas se les quiere cobrar ahora por devolver los ejemplares que no son vendidos; entonces, al generar una deuda, se generan dificultades económicas”, explica Marlene Wayar, vocera de la Asociación de Revistas Culturales Independientes (AreCIA), un espacio que concentra a cerca de 300 publicaciones y que hoy es la cabeza detrás de la articulación de estas distintas y muy variadas experiencias editoriales.
El monopolio invisible
Pero los costos por devolución implican sólo una cara de la moneda: el escenario de esta batalla silenciosa lo completa la distribución, un aspecto vital que obliga a las revistas independientes a lanzarle piedras a verdaderos godzillas del rubro como la Asociación Argentina de Editores de Revistas (AAER), una entidad de fuerte peso en la toma de decisiones y cuyo directorio lo conforman integrantes de Atlántida, AGEA o Perfil. “Los actores dominantes acordaron unilateralmente que las revistas deberán destinar $2, sumado al 50% del precio de tapa que ya cada medio aporta al sistema, para aumentar los ingresos del sector de distribución y venta de diarios y revistas. Las revistas que no acepten estas condiciones no se distribuyen y son barridas de los kioscos”, resalta Sierra. El aumento afecta directamente a estas publicaciones que, a diferencia de las grandes, viven de la venta al público y no de la publicidad. “$2 puede significar la diferencia entre poder y no poder comprar una revista”, razona.
El “sector de distribución”, a su vez, atraviesa un momento de particulares transformaciones. Según destaca AReCIA, en el último tiempo Clarín adquirió, a través de testaferros, distintos quioscos y recorridos, al punto de controlar hoy más del 30% del circuito. Salvo los dos diarios de mayor tirada -Clarín y La Nación- y en parte Perfil, que tienen sus propios mecanismos de reparto, el resto de los medios dependen del sistema de distribución general. “La estrategia es quitarnos del medio haciendo que las revistas no sean sustentables, ya sea entregando a destiempo o quedándose con las revistas en el cajón” señala Wayar, que agrega al respecto una conclusión letal: “Si al precio de tapa le sacamos el primer pago que tenemos que hacer con el distribucionista, además de la devolución, la verdad es que ellos ganan más si la gente no compra nuestras revistas”.
La otra Ley
La presencia en esta historia de Clarín no debería alterar el foco de atención: se trata de una lucha que en gran medida lo excede y que se libra al interior de un sector complejo y con lógicas laberínticas. Sin embargo su figura permite estudiar el conflicto en el trasluz de la batalla cotidiana: a pesar de quedar afuera del ámbito de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una normativa que no incluye ni a los medios gráficos ni a internet, muchos de los involucrados en esta desigual pelea resaltan la sombra del 7D. “A la dificultad original de costear los medios alternativos, se le suma una decisión mucho más compleja a partir del desarrollo de la LSCA, que hizo que el Grupo Clarín se abarrotara a la gráfica”, nos señalan desde La Garganta Poderosa. La lectura supone un reacomodamiento estratégico: ante la posibilidad de una derrota en el campo audiovisual, el Grupo Clarín estaría buscando llevar sus armas fuera de la jurisdicción del AFSCA, al ámbito de la gráfica, ese mismo lugar que lo vio nacer allá por los viejos y buenos tiempos desarrollistas de Roberto Noble. “La intención es eliminar la competencia, porque sucede que las revistas culturales abarcamos el 40% de la venta y eso le está bajando la renta a Clarín”, especula Wayar aunque agrega: “el problema no es vender mucho o no vender porque ellos viven de la publicidad. Lo que interesa es que sus revistas estén colgadas en el quiosco para dar la sensación de que mantienen un poder dentro de la opinión pública”.
Por lo demás, el haber quedado fuera del campo de maniobras de la LSCA no detuvo a los editores independientes que hoy alientan, a través de AReCIA, la Ley de Fomento para la Producción Independiente y Autogestiva de Comunicación Cultural. “Esta ley es una forma de saldar la deuda que con el sector tiene la Ley de Servicios Audiovisuales, instrumento que ha significado la democratización de los espacios televisivos y radiales, pero ha olvidado a las publicaciones culturales gráficas y de Internet, independientes y autogestivas, sin las cuales esa misma ley no hubiese contado con canales de debate y difusión entre los diferentes actores sociales que la hicieron posible”, reza esta ley que promueve beneficios impositivos y acceso a financiamiento y crédito para las publicaciones independientes, además de sugerir su declaración como objetos de interés cultural y alentar la creación de un fideicomiso que sirva para garantizar la solvencia y supervivencia de sus muy diversos integrantes.
“La regulación del sector gráfico es una gran deuda que arrastra la Ley de Medios y las consecuencias ya están a la vista. La democratización de los medios debe ser total, sino se van a mantener nichos muy jugosos para los manejos monopólicos que, en lugar de no tener más espacios donde establecerse, estarán migrando de un sector a otro”, afirma Sierra. Y los muchachos de La Garganta Poderosa, colectivo que tiene a la revista como cara visible de un mucho más complejo y profundo proyecto social, agregan: “Este es el momento justo para presentar el proyecto. Por el ‘viento de cola’ tendría que entrar esta ley de Medios Gráficos”.
Camino al cielo
La Ley de Medios fundó un lenguaje. ¿Se acuerdan? Allá en los inicios de todo esto, cuando la FM originaria y la desinversión parecían utopías lejanas, poluciones de algún comunicador social que lograba sus 15 minutos de fama en el discurso oficial, se hablaba en estos términos: más pluralidad, más contenidos, más… Es natural: el momento más hostil de una guerra suspende la caballerosidad y obliga a hablar con otra lengua, más sanguínea, más “sucia”. La disputa de las revistas culturales independientes nos devuelve algo de ese fuego primigenio, continúa la batalla que empezó hace tres años y pone blanco sobre negro a la ley de la democracia: confirma que es posible correr el límite de lo “natural” y marca un piso desde donde seguir abriendo espacios.

“Creemos que las publicaciones independientes son la esencia de la comunicación; en todo caso hay que preguntarse por qué son necesarias las publicaciones que no son independientes”, reflexionan en La Garganta Poderosa a nuestra tímida pregunta: ¿por qué son importantes los medios alternativos?. “La comunicación ha sido contada, monopolizada, por un proyecto que la concibe como un producto de mercado -agregan-. Las publicaciones independientes son todo lo contrario. Nosotros, como un colectivo, venimos a reivindicar las libertades”. Sierra, por su parte, aporta: “Las revistas culturales independientes promueven en muchos casos nuevas lógicas en lo que respecta al ejercicio del periodismo, donde se valoriza la construcción colectiva y un contacto humano directo, lo que promueve un nuevo tipo de vínculo con las fuentes de la información y los lectores. El norte no es el lucro, sino la sustentabilidad y la difusión de ideas”.
El 7D es una fecha clave en la que la ley marcará su territorio por sobre el negocio de la comunicación. Pero las batallas se dan, también, en el campo de lo cotidiano, en la diacronía de la lucha del sentido, lenta, silenciosa, pero omnipresente desde aquel famoso “qué te pasa Clarín”. Entonces interrogamos por el 8D. Y el 9 y el 10… Conflictos del tenor que padecen los editores independientes nos anuncian que con el 7D no brindamos por la victoria sino que ese día apenas nos marca el punto de partida para desandar más entramados de los sentidos únicos, para extender esa apertura de voces en todas las plataformas de la comunicación, para ensayar palabras que aún no conocen su voz, para desmitificar el mercado como emperador de lo decible y, a fin de cuentas, para consolidar la democracia*.
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