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miércoles, 15 de enero de 2014

HASTA SIEMPRE, JUAN


Fue esta historia, es esta historia, la que nos rompió los nombres familiares y nos ha hecho decirle mamá a una abuela o papá a un abuelo. Fue esta historia, es esta historia, la que nos hace repensar qué es un “héroe”, qué es un mito: lejos de los mitos y los "héroes" intocables, están los hombres y mujeres, compañeros y compañeras, abrazables.

Ahí se va Juan, a alguna reunión con Rodolfo, Paco y otros tantos compañeros. Allá se va Juan, a contarles a los 30.000 que pudo encontrar a su nieta Macarena. Allá va Juan, a contarles a sus hijos Marcelo y Nora, y a su nuera María Claudia, cómo es Macarena, cómo es esa vida que no pudieron matar. Se va Juan, a ese tiempo de los pasos eternos, a contarles a nuestros padres y madres que todos ellos siguen vivos en nuestras luchas.

Allá va el compañero, nuestro padrino, nuestro poeta, a seguir apalabrando el mundo, a seguir mirando con ojos de dolor y esperanza. Allá se va Juan Gelman: al lugar más justo al que pueda ir un hombre como él. Como todo compañero, como todo hombre comprometido y solidario, se va para quedarse para siempre en esta tierra que no tiembla por el miedo del pueblo, sino por el temor de los vendepatrias ante tantos hijos de la revolución.

Juan vino con León Gieco al primer encuentro nacional de H.I.J.O.S.: ahí se hicieron nuestros padrinos. Vaya a donde vaya, se llevará la condena social para todos los asesinos de nuestro pueblo. Podrá decirle a Rodolfo Walsh que ya pusimos a Videla, Astiz y más de 500 genocidas en el tacho de basura de la historia. Allá va Juan, a decirles a los 30.000 que no hubo impunidad que nos derrotara y que para los masacradores de nuestra Patria no existe Ni el flaco perdón de Dios.

Ahora nos queda a nosotros el orgulloso deber de decir que lo mantendremos en la memoria de la historia, en el relato que hará que nadie deje de saber quién fue Juan, a pesar del paso de los años. Empuñamos su memoria: les diremos a todos que Juan fue un poeta del tiempo, un compañero de la ternura, un respetuoso amigo de los recuerdos de sus amigos. Con humildad y sencillez, de las características más destacables de un compañero, abrió sus puertas para buscar la verdad colectiva, dio sus hojas para que Walsh despidiera a Urondo. Allá va: se lleva en los bolsillos nuestros abrazos para los 30.000. Hasta siempre compañero, gracias por el amor.

H.I.J.O.S. Capital

miércoles, 19 de diciembre de 2012

19 y 20 de Diciembre de 2001 - FUIMOS TODOS



En los últimos años, pocas jornadas deben haber sido tan largas para los argentinos como las del 19 y 20 de diciembre de 2001. Las noticias de saqueos a supermercados llegaban a través de imágenes que se transmitían por televisión y la crisis económica azotaba a las familias. Frente a la movilización popular, el presidente De la Rúa decretó el estado de sitio. Pero el pueblo no acató y esa misma noche salió con toda su desesperación a la calle.


La Plaza de Mayo se convirtió, en pocas horas, en el epicentro del reclamo, donde el “que se vayan todos” resonó con fuerte indignación. Pero, como suele suceder, las fuerzas de seguridad no estuvieron a la altura, y la represión no tardó en llegar. El resultado fueron 39 personas fallecidas por la policía –durante las dos jornadas- entre ellos, 9 menores.


El corralito financiero que impuso el por entonces ministro de economía, Domingo Cavallo, dejó en la lona a cientos de familias de clase media, que veían cómo sus ahorros se esfumaban, y salieron a la calle a reclamar junto a los sectores populares. Así nacieron los “caceroleros”, mientras los saqueos continuaban produciéndose en distintos puntos del país. Muchos comerciantes desesperados ante la pérdida de su mercadería, decidieron bajar las persianas. Y la imagen de un hombre con rasgos orientales llorando, se multiplicó en las señales de televisión.

Las protestas se extendieron durante la madrugada del 20 de diciembre, frente a la casa del Ministro de Economía Domingo Cavallo, que más tarde anunciaba su renuncia. A pesar del estado de sitio decretado por De la Rúa, las calles de Buenos Aires y de otras ciudades del país se llenaron manifestantes. Había enfrentamientos en Córdoba, La Plata y la gente llegó a cortar el puente en Corrientes, mientras el conurbano era un nudo de tensión.


En la mañana del 20 de diciembre todavía quedaban unos pocos manifestantes en Plaza de Mayo, entre los que principalmente se encontraban oficinistas, empleados, amas de casa, niños, y comenzaron a arribar miembros de organizaciones políticas.

La Casa Rosada, que por entonces no se encontraba vallada, comenzó a ser protegida a partir del mediodía y la represión continuó durante la jornada del 20 de diciembre, pero la gente siguió en la plaza, manifestando su disconformidad ante una situación económica y social que resultaba insostenible. Al parecer, el presidente De la Rúa no hacía la misma lectura de los hechos, y mediante un discurso transmitido por Cadena Nacional durante la tarde, anunciaba que no renunciaría a la presidencia e instaba a la oposición y otros sectores a dialogar abiertamente.

Pero la solicitud del por entonces mandatario se diluyó: tres horas después, De la Rúa, renunciaba a su mandato y en una imagen que quedará para siempre en la retina de los argentinos, abandonó la Casa Rosada en un helicóptero que sobrevoló por encima de los miles y miles de ciudadanos que se habían acercado a la plaza para pedir “que se vayan todos”.